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Categoría: Tips, 05 Abril, 2017

Cómo curar una casa "enferma" (y evitar enfermarte con ella)

Cómo curar una casa "enferma" (y evitar enfermarte con ella)

¿Nunca pasó en tu casa que de repente se empezó a romper todo? ¿Es solo una mala racha o la casa te está intentando decir algo más?

Algunos quizás recuerden el cuento “Casa tomada” de Julio Cortázar. Era una casa con una especie de “vida propia”, una fuerza invisible que ponía a los personajes incómodos porque sentían que les quería decir algo que ellos no querían oír. Esto que parece tan sobrenatural, en realidad pasa muchísimo, y nada tiene que ver con la presencia de fantasmas. Las casas, igual que los seres vivos, se enferman: los vínculos de las personas que viven allí, el orden, la limpieza, la ventilación, la iluminación, son todos factores que influyen en su “salud”; y en la nuestra.
 
Aunque pensemos que es una cosa inerte, algo meramente material, nuestra casa también se expresa y es receptiva a lo que nosotros le transmitimos. Nuestro humor, nuestra forma de pensar, nuestro nivel de estrés, todo repercute en nuestra casa.  Y viceversa: cuando vivimos en un ambiente caótico, es muy probable que esto nos influya.

Los síntomas de una casa “enferma”




Un espejo roto quizás no signifique nada. Pero si a ese espejo le sumamos artefactos que no funcionan, paredes con humedad, problemas para conciliar el sueño o insectos insistentes, quizás sí es cierto eso de que el espejo roto va ligado a la mala suerte. Las manifestaciones de una casa “enferma” pueden ser muchas, desde problemas de relacionamiento entre sus habitantes hasta  temas de mantenimiento. Pero sobre todo, lo que los hace síntomas, es su frecuencia y duración en el tiempo. Algunas señales:

Fallas técnicas: Inconvenientes técnicos severos con la energía del hogar, cerraduras rotas, problemas en cañerías.

Desorden y suciedad: Platos sin lavar, ropa tirada, polvo por todos lados, camas sin tender, desechos acumulados, cosas inutilizadas amontonadas en un rincón.

Plantas sin vida: En general debido a la falta de cuidado, las plantas empiezan a marchitarse o no florecen como deberían.

Deterioros: Aparecen manchas de humedad, se descascara la pintura, muebles que se aflojan, vidrios que se rompen.

Cómo curar una casa enferma

Ambientes incómodos: Los espacios que se suponían que eran de relax y comodidad, ahora parecen incómodos y generan ganas de no quedarse allí. La familia o los habitantes evitan ciertos lugares; ya no se generan puntos de encuentro o unión.
 
Algunos factores que potencian la mala energía de la casa:

Mala decoración: Cuartos atiborrados de objetos, cosas que ya no nos gustan pero las renovamos, colores no apropiados (por ejemplo, paredes pintadas con colores muy fuertes en zonas de descanso).

Difícil circulación: Espacios muy pequeños con muchos muebles que impiden transitar libremente.

Mala iluminación: Ambientes oscuros y poca luz natural.

Ventilación: Habitaciones cerradas por mucho tiempo, malos olores, moho y humedad.



 
¿Por qué es importante sanar nuestra casa?


Practicidad: Por un lado, por un tema práctico: cuando todo está en orden, las tareas se hacen más rápido y con más entusiasmo. Si vemos todo limpio y agradable, estamos más dispuestos y de mejor humor.

Salud: Por otro lado, algunos de los síntomas que mencionamos antes, mayormente los que tienen que ver con la higiene y el cuidado, tienen el doble de riesgo porque pueden causarnos incluso enfermedades físicas. Según expertos, existe un “síndrome de la casa enferma”: las personas afectadas presentan cuadros alérgicos, dolores de cabeza y garganta, problemas visuales, fatiga y hasta pueden desarrollar asma o sinusitis; todo esto se lo ha atribuido a productos químicos usados en la construcción de casas y otros factores como el polvo, la humedad y la mala ventilación.

Bienestar mental: Pero la mayoría de los síntomas nos afectan más psicológicamente. Ya lo dijimos: si la casa está desorganizada, seguramente nuestras emociones, pensamientos y acciones diarias también lo estén. El caos que observamos nos estresa, la vida laboral o los problemas personales nos dicen que no tenemos tiempo o estamos muy cansados para ocuparnos del hogar, y eso es, justamente, el reflejo de nuestro estado de ánimo en nuestra vivienda. Si nos sentimos mal, depositamos en nuestra casa (por ser parte de nuestra intimidad, por no tener nada que nos condicione o limite dentro de ella), lo que tenemos dentro, y ver eso nos pone aún peor. Es un círculo vicioso.



¿Y cómo la sanamos?


Necesitamos que nuestra casa tenga vida otra vez, que el aire y la energía circulen con fluidez y en equilibrio. Para lograrlo recurriremos a algunos consejos básicos del Feng Shui, un arte ancestral chino que busca la mejora de las condiciones ambientales para fomentar el bienestar y la armonía general del individuo con su entorno. Los resultados están verdaderamente comprobados y requieren acciones bastante simples:

Abrir cortinas y ventanas: Propongámonos, apenas nos despertemos por la mañana, abrir las cortinas y las ventanas, para invitar a la luz del sol y dejar entrar aire fresco. Esto renovará la energía de tu casa, en especial si ha estado a oscuras por algún tiempo.

Limpiar y re-ordenar: Quitá la suciedad (incluso esa que nadie ve), vaciá las habitaciones una a una para limpiarlas, cambiá las sábanas, organizá los papeles del escritorio, ordená el ropero. Mientras limpiamos y ordenamos la casa, vamos reordenando la mente.



Animate a cambiar: Así como a veces cambiamos nuestro peinado para tener “otro look” y renovarnos, lo mismo podemos hacer con nuestra casa. Si querés un cambio más profundo, una buena idea es cambiar los adornos y las cortinas, o incluso el color de las paredes. También podés crear un nuevo orden para los muebles, que facilite la circulación y abra nuevos espacios. Una casa cambiada promoverá una actitud también distinta en nosotros.

Deshacete de cosas innecesarias: A veces nos sentimos unidos a ciertos objetos, pero, ya sea por cuestiones emocionales o porque nos da “lástima” tirarlos (o simplemente pereza), desapegarse de objetos que ya no nos aportan nada y solo ocupan un espacio (casi siempre olvidado o ignorado) es muy importante para cambiar nuestra casa y nuestra vida. Fijate qué ropa hace más de un año que no usás, qué adornos ya no querés ver más, qué electrodoméstico aún funciona pero ya fue sustituido por uno más nuevo. Podés donar, regalar, reciclar o vender. Lo importante es que seas capaz de soltar, dejar ir y saber que vas a estar bien sin esos objetos.

Arreglar las cosas rotas: ¿Cuánto hace que esa puerta no cierra bien? ¿Que el vidrio de la mesa está roto? ¿Qué no usás el secador porque no prende? La solución es no dejarlo para mañana. Es tan simple como llamar a alguien que lo arregle. Es solo un ratito que realmente va a repercutir en tu vida diaria y en que la casa se sienta mejor.

Actitud positiva: Es claro, para quitar energía negativa debemos dar energía positiva. Juntarse con amigos o familia, jugar con nuestros hijos o mascotas, reír y bailar, nos mantendrán de buen humor para poder encarar las tareas domésticas, mantener el orden con menos dificultades y decirle chau a la mala onda.


Que siempre te sientas así al entrar a tu casa
 
Ahora que sabes cómo identificar a tu casa enferma, ¡manos a la obra! Sanar nuestra casa, es también sanarnos. Vos te vas a sentir mejor y la casa se sentirá mejor. 

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